El virus que vino del frío. El coronavirus y la ola de frío que azota España

Todos somos conscientes que en los meses fríos se da un mayor número de enfermedades infecciosas del tracto respiratorio. El coronavirus penetra por el aparato respiratorio. ¿Tendrá alguna incidencia el frío extremo que estamos pasando en la pandemia?

Rhinovirus

Introducción

Aunque las infecciones del tracto respiratorio (ITR) pueden ocurrir durante todo el año, la temperatura fría y la baja humedad se asocian con una mayor incidencia de las mismas, que por cierto son las infecciones más comunes en todo el mundo. Efectivamente baja humedad en invierno, es correcto. Aunque nos parezca que con las lluvias y el frío el ambiente es húmedo, es justo lo contrario. El aire es frío y no puede albergar en suspensión tanta agua como en los meses cálidos. Es de destacar que el contenido absoluto de agua del aire bajo cero siempre está cerca de cero, independientemente del nivel de saturación. Por lo tanto, mientras que el efecto del aire frío sobre la piel es principalmente de enfriamiento, el efecto sobre las vías respiratorias es tanto de enfriamiento como de secado. Luego el frío es seco. La Antártida que es toda agua congelada, es de los lugares con ambiente más seco del planeta.

En la época fría aumentan las consultas médicas y son las responsables del 20% del exceso de mortalidad invernal y una carga económica considerable para la salud pública. Las epidemias y mini-epidemias son más comunes entonces, con una incidencia máxima desde fines del invierno hasta principios de la primavera. La incidencia del resfriado común varía según la edad: las tasas son más altas en niños menores de 5 años, que tienen aproximadamente de 3 a 8 enfermedades respiratorias virales por año, mientras que los adolescentes y adultos tienen aproximadamente de 2 a 4 y las personas mayores de 60 años tienen de media menos de 1.

A pesar de estas alarmantes cifras tengamos en cuenta que la mayoría de las ITR son autolimitadas y se resuelven por completo. Sin embargo, una variedad de condiciones pueden complicar una ITR como el asma, donde la hiperreactividad de las vías respiratorias puede aumentar dando como resultado un asma exacerbado. 

Durante los meses más cálidos, el aire frío sigue siendo un problema con el uso excesivo del aire acondicionado en el hogar, en automóviles, hoteles y centros comerciales. Se ha puesto de relieve nuevos problemas de salud pública emergentes, como resultado de la exposición de las vías respiratorias al aire frío o, más propiamente, como resultado de cambios bruscos de temperatura.

En realidad, son las bacterias y los virus, no el clima, los que causan infecciones como el resfriado común, la gripe o la neumonía:

  • Los rinovirus, que representan un porcentaje sustancial de los ITR, son más activos en primavera, verano y principios de otoño. 
  • Los coronavirus se manifiestan principalmente en el invierno y principios de la primavera. 
  • Los enterovirales son más notorios en verano y principios del otoño, cuando otros patógenos ITR se encuentran en su punto más bajo. 
  • Las infecciones respiratorias adenovirales pueden ocurrir durante todo el año, pero son más comunes a fines del invierno, primavera y principios del verano.

¿Por qué tanta gente enferma en los meses fríos y húmedos de otoño e invierno? 

Aunque los motivos pueden ser contradictorios os apunto algunos que vana a depender tanto del comportamiento humano como de nuestra fisiología:

  • Tras el descanso veraniego, los niños vuelven al colegio, un ambiente cerrado y en contacto estrecho unos con otros, lo que aumentan la posibilidad de que los virus y, con menos frecuencia, las bacterias se propaguen entre ellos.
  • El clima frío hace que se pase más tiempo en interiores (por ejemplo en el trabajo, el hogar, incluso en la escuela) y una exposición cercana a otras personas que pueden estar infectadas.  Si hace mucho calor tres cuartos de lo mismo, pero en sentido contrario, para estar fresquitos.
  • Hay más factores pues es un problema más amplio relacionado con la calidad del aire en entornos cerrados, en hogares u oficinas, donde las personas pasan más del 90% de su tiempo.
  • Los virus más comunes que causan el resfriado sobreviven mejor en ambientes fríos y de baja humedad, como es el caso del otoño e invierno. 
  • La inhalación de aire frío, el enfriamiento de la superficie corporal o el estrés por frío provocan respuestas fisiopatológicas que pueden contribuir a una mayor susceptibilidad a las ITR. El estrés por frío también puede alterar el sistema inmunitario y afectar la susceptibilidad a las ITR. 

Veamos en detalle la fisiopatología

En primer lugar dediquémosle un momento a la nariz, la parte del aparato respiratorio superior que se encarga de contrarrestar el frío y la falta de humedad. El aire a su paso por la nariz pasa un tortuoso recorrido atravesando cornetes y meatos que ponen en íntimo contacto el aire inhalado con la superficie de la mucosa nasal. Con tres objetivos:

  • por un lado gracias a que la lámina propia de es mucosa tiene muchos vasos sanguíneos, se calienta el aire hasta alcanzar la temperatura corporal. 
  • por otro lado gracias a las células secretoras de la mucosa, el moco y el agua que estas liberan consigue humedecer ese aire seco que entra desde el exterior hasta su saturación con vapor de agua.
  • además también el epitelio ciliado de la nariz podrá retener partículas y microorganismos para que no pasen al tracto respiratorio inferior.

Si respiramos por la boca, todo este papel protector, humidificador y calefactor de la nariz lo perdemos. Además si respiramos por la nariz al favorecer la humedad y la temperatura del aire que pasará por los otros componentes de las vías respiratoria evitamos que estas tengan que estar calentando e hidratando el aire pues este tiene que llegar a los alveolos de forma adecuada que garantice el intercambio gaseoso. Este trabajo extra podría participar en deshidrataciones y pérdidas de temperatura corporal.

Veamos ahora cuales son los aspectos que redundan en una mayor susceptibilidad a padecer enfermedades infecciosas y que afectan a la mucosa, el músculo liso y los vasos sanguíneos: 

  • El aire frío puede secar el revestimiento interior de la nariz como el de otros epitelios superficiales del tracto respiratorio, haciéndolos más susceptible a la penetración de un virus.
  • El frío provoca vasoconstricción para preservar el calor corporal. Esto podría evitar que los glóbulos blancos lleguen a la membrana mucosa respiratoria, lo que dificulta la lucha contra los gérmenes.
  • La contaminación del aire debida a actividades antropogénicas obliga a los macrófagos a trabajar para eliminar restos de partículas y les resta capacidad para luchar contra microorganismos
  • La vitamina D desempeña un papel importante en el mantenimiento de un sistema inmunológico saludable. La exposición reducida al sol durante el invierno puede provocar niveles más bajos de vitamina D.
  • En estudios con ratones se ha visto que a medida que bajamos la temperatura, estos tienen mermado la defensa intrínseca antiviral (innata e interferones principalmente) lo que conduce a que la infección sea más persistente. 
  • En cultivos de células de las vías respiratorias humanas se ha observado que las células infectadas por virus en ambiente caliente eran más propensas que las frías a sufrir una muerte celular programada. Recordemos que este suicidio celular está provocado por respuestas inmunitarias destinadas a limitar la propagación de infecciones virales.
  • La inhalación de aire frío induce la activación del epitelio para generar sustancias proinflamatorias, las cuales, si son persistentes, pueden provocar lesiones epiteliales y favorecer la penetración de microorganismos.
  • Y ya por último, el daño de las vías respiratorias inducido por el frío no solo se debe al efecto directo de la temperatura y humedad, sino que también depende de la hiperventilación. El enfriamiento de las vías respiratorias se incrementa aumentando el flujo de aire dentro de las mismas. Por ejemplo, respirar aire a +20ºC a un ritmo de 15 l/min disminuye la temperatura traqueal a 34°C, mientras que respirar aire similar a 100 l/min disminuye esta temperatura a 31°C. Por tanto, la hiperpnea agudiza los efectos del frío en el aparato respiratorio. Esta hiperpnea del aire frío puede hacer que el agua de la parte superficial de las vías respiratorias se evapore más rápidamente de lo que puede ser reemplazado, lo que lleva al secado e hipertonicidad de las mismas.

En definitiva cómo se va a comportar la pandemia COVID-19 en estas nuevas oleadas invernales es un misterio pero tiene todos los condicionantes para que se agrave la situación. Ahora más que nunca van a ser importantes las medidas que tomen nuestras autoridades políticas y sanitarias y el comportamiento de la sociedad, conocedores del riesgo al que nos exponemos todos, para contener la expansión de la infección.

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